REINO Y REINADO DE DIOS Un estudio bíblico, teológico y ético TOMO I El Reino y el Reinado de Dios en el Antiguo Testamento
REINO Y REINADO DE DIOS Un estudio bíblico, teológico y ético TOMO I El Reino y el Reinado de Dios en el Antiguo Testamento
No se pudo cargar la disponibilidad de retiro
Introducción General
Toda lectura de las Sagradas Escrituras depende, en gran medida, de la pregunta que el lector formule al texto. Las respuestas que hallamos suelen estar determinadas por aquello que buscamos. A lo largo de los siglos, la teología ha dirigido su mirada hacia múltiples temas que, con justicia, ocupan un lugar central en la fe cristiana: los pactos, la salvación, la persona de Jesucristo, la Iglesia, la escatología, la ética o la vida espiritual. Cada uno de ellos ha contribuido de manera decisiva a la comprensión de la revelación divina. Sin embargo, mientras más profundamente se adentra el lector en el testimonio bíblico, más evidente resulta que ninguna de estas realidades existe de manera aislada. Todas parecen formar parte de una historia mayor, sostenida por un propósito que las precede, las integra y les confiere sentido.
De esa convicción nace esta obra. No surge del deseo de proponer una nueva doctrina, ni de reemplazar los valiosos caminos que la investigación bíblica y teológica ha recorrido durante siglos. Nace de una pregunta sencilla, pero de profundas implicaciones: ¿existe un propósito capaz de otorgar unidad a toda la revelación bíblica sin disminuir la riqueza de ninguna de sus partes? Si la respuesta fuera afirmativa, esa unidad no podría ser el resultado de un sistema construido por el intérprete, sino una realidad que brotara naturalmente del propio texto sagrado y acompañara al lector desde las primeras páginas del Génesis hasta la visión gloriosa de los nuevos cielos y la nueva tierra.
La tesis que orienta esta investigación sostiene precisamente eso: la totalidad de las Escrituras encuentra una admirable coherencia cuando se contempla desde la realidad del Reino y del reinado de Dios. Lejos de constituir un tema más entre muchos otros, el Reino aparece como el propósito eterno concebido en el corazón de Dios antes de la fundación del mundo; el reinado, por su parte, expresa la acción histórica mediante la cual ese propósito se despliega, conduce la historia y alcanza finalmente su consumación. Ambos conceptos permanecen inseparables. El Reino orienta la mirada hacia la meta; el reinado permite contemplar el camino por el cual Dios conduce todas las cosas hacia el cumplimiento de su voluntad.
La distinción que aquí se propone no pretende dividir una realidad única, sino ofrecer una herramienta conceptual que permita apreciar con mayor claridad la extraordinaria armonía interna de la revelación.
Desde esta perspectiva, la Biblia deja de percibirse como una sucesión de episodios independientes para revelarse como una única historia: la historia del Dios que crea libremente, llama libremente, redime libremente y conduce pacientemente a la humanidad hacia la comunión para la cual fue creada desde el principio. Cada pacto, cada promesa, cada acto de juicio, cada manifestación de misericordia, cada profecía y cada acontecimiento de la historia de la salvación encuentran su lugar dentro de ese movimiento continuo mediante el cual Dios establece, manifiesta y consuma su Reino.
Una afirmación de esta naturaleza exige una metodología capaz de respetar tanto la riqueza de cada texto como la unidad del conjunto. Por ello, esta investigación adopta una lectura canónica de las Escrituras, en la que el análisis histórico y literario de cada pasaje constituye el fundamento indispensable para toda reflexión posterior. La exégesis proporciona el punto de partida; la teología bíblica permite seguir el desarrollo progresivo de la revelación; la teología sistemática procura articular sus grandes afirmaciones doctrinales en un cuerpo coherente; y la ética cristiana muestra las implicaciones concretas que esa verdad posee para la vida personal, comunitaria y social del creyente. Estas disciplinas no aparecen aquí como compartimentos independientes, sino como expresiones complementarias de una misma tarea: escuchar con fidelidad la voz de Dios que habla por medio de su Palabra.
La plataforma epistemológica que sostiene esta obra nace de una convicción igualmente sencilla: la verdad revelada posee una unidad que antecede a nuestras categorías académicas. Las disciplinas teológicas son herramientas indispensables para el conocimiento; sin embargo, ninguna de ellas constituye el fin último de la investigación. El análisis explica las partes; la contemplación descubre la armonía del todo. Por ello, el propósito de estas páginas no consiste únicamente en examinar textos, reconstruir acontecimientos o formular doctrinas, sino en contemplar el despliegue coherente del propósito eterno de Dios a lo largo de toda la historia de la salvación.
Con ese objetivo, la investigación ha sido organizada en dos tomos complementarios. El primero recorre el desarrollo del Reino y del reinado de Dios desde la creación hasta el cierre del Antiguo Testamento. En él se observa cómo Dios prepara progresivamente el escenario histórico, espiritual y teológico para la manifestación definitiva de su propósito. El segundo volumen estudia el cumplimiento de esa esperanza en Jesucristo, la continuidad de su reinado mediante la obra del Espíritu Santo en la Iglesia y la consumación escatológica anunciada por las Escrituras. Ambos tomos forman una única investigación y solo alcanzan su plena comprensión cuando son leídos como dos momentos de una misma reflexión.
Este estudio tampoco pretende clausurar el diálogo teológico. Toda investigación auténtica sabe que sus conclusiones representan, al mismo tiempo, un punto de llegada y un nuevo punto de partida. Si estas páginas contribuyen a contemplar con mayor claridad la unidad de las Escrituras, favorecen un diálogo fecundo entre las distintas disciplinas teológicas y despiertan en otros investigadores el deseo de continuar profundizando en el misterio del Reino y del reinado de Dios, habrán cumplido ampliamente su propósito.
Finalmente, quisiera expresar la convicción que ha acompañado cada etapa de este trabajo. La teología pierde su razón de ser cuando se reduce a un ejercicio exclusivamente intelectual. Su verdadera grandeza consiste en conducir al ser humano hacia el conocimiento vivo del Dios que se revela. El estudio debe desembocar en la contemplación; la contemplación, en el amor; y el amor, finalmente, en la adoración. Porque conocer mejor las Escrituras solo tiene sentido si, por medio de ellas, llegamos a conocer mejor al Señor de las Escrituras. Y cuando eso sucede, toda investigación encuentra su culminación natural: doblar las rodillas delante del Rey eterno y reconocer, con gratitud y asombro, que a Él pertenecen el Reino, el poder y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
