El ministerio pastoral es un privilegio sagrado, pero también es una carga silenciosa que no todos logran ver.
El pastor escucha, aconseja, guía, intercede y sostiene. Está presente en las crisis, en los duelos, en los conflictos y en las decisiones difíciles. Aprende a mantenerse firme por fuera, incluso cuando por dentro comienza a sentirse agotado.
Con el paso del tiempo, el cansancio deja de ser momentáneo y se vuelve acumulativo. No ocurre de manera escandalosa. No siempre hay una caída visible. A veces solo hay una pérdida de ánimos que se convierte en hastío.