Discernir los tiempos
Discernir los tiempos
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INTRODUCCIÓN
La Iglesia vive en la historia. Esta afirmación, aparentemente sencilla, contiene
una cuestión fundamental para comprender su identidad y su misión. La
comunidad cristiana no existe al margen del devenir humano ni desarrolla su
vocación en un espacio ajeno a las transformaciones sociales, culturales y
antropológicas de cada generación. Su fe se encuentra arraigada en
acontecimientos históricos concretos, proclama corno centro de su confesión la
encamación, muerte y resurrección de Jesucristo y espera una consumación
futura hacia la cual se dirige la historia. La Iglesia, por tanto, no solamente posee
una historia: es una comunidad cuya existencia concreta se desarrolla
históricamente
Sin embargo, vivir en la historia no significa necesariamente comprenderla.
Una Iglesia puede encontrarse plenamente inserta en las circunstancias de su
época y, al mismo tiempo, ser incapaz de interpretar adecuadamente aquello que
está aconteciendo. Puede quedar vinculada a formas del pasado que ya no
responden a las circunstancias presentes, someterse acríticamente a las
categorías de su cultura 0 interpretar precipitadamente determinados
acontecimientos desde expectativas religiosas previamente establecidas. En todos
estos casos aparece una misma dificultad: la incapacidad de relacionar
adecuadamente la fe recibida con el momento histórico en el que esa fe debe ser
vivida.
Esta dificultad adquiere especial relevancia en una época caracterizada por
transformaciones aceleradas. Los cambios culturales, tecnológicos, económicos y
sociales plantean preguntas nuevas y modifican profundamente las condiciones en
las que la Iglesia desarrolla su misión. La cuestión no consiste en aceptar o
rechazar la novedad por sí misma, sino en discernir qué significa para la Iglesia
vivir fielmente dentro de esas nuevas circunstancias
En este contexto adquiere particular importancia la expresión bíblica
«discernir los tiempos». Jesús cuestiona a quienes podían interpretar las señales
de la naturaleza, pero eran incapaces de interpretar el tiempo en el que vivían (Mt
16,1-4; Lc 12,54-56). EI problema no era la falta de información acerca de la
realidad, sino la incapacidad para comprender su significado. La Iglesia enfrenta
una responsabilidad semejante: no solamente conocer 10 que ocurre, sino discernir
qué significa vivir como comunidad de Cristo en un determinado momento de la
historia
Discernir los tiempos no significa convertir la historia en un código secreto
que permita descifrar el futuro ni atribuir automáticamente un significado divino a
cada acontecimiento. Significa desarrollar una capacidad teológica y espiritual
para reconocer las circunstancias, desafíos, oportunidades y responsabilidades
que cada contexto histórico plantea a la misión de la Iglesia. La pregunta decisiva
no es únicamente qué está ocurriendo, sino qué exige ese tiempo de una Iglesia
que pretende permanecer fiel a Cristo.
Este libro parte de una convicción fundamental: la capacidad de discernir los
tiempos está relacionada con la manera en que la Iglesia comprende la revelación
y su propia existencia histórica. Dios se ha revelado progresivamente en la historia
y ha conducido esa revelación hacia su plenitud en Jesucristo. La Iglesia, sin
embargo, continúa viviendo dentro de una historia que todavía no ha alcanzado su
consumación. Por ello, la definitividad de la revelación no elimina la necesidad de
un discernimiento histórico permanente.
Aquí se encuentra la tesis central de esta obra:
Así como Dios se ha revelado progresivamente en la historia y ha conducido
esa revelación hacia su plenitud en Jesucristo, la Iglesia está llamada a discemir
progresivamente los tiempos, aprendiendo a reconocer en cada contexto histórico
las interpelaciones que requieren una respuesta fiel a la revelación recibida,
coherente con Cristo y orientada a la misión del Reino de Dios
La tesis requiere una distinción fundamental. La progresividad de la
revelación pertenece a la iniciativa de Dios y encuentra Su plenitud en Cristo. La
progresividad del discernimiento pertenece a la respuesta histórica de la Iglesia.
La Iglesia no recibe una nueva revelación cada vez que enfrenta una circunstancia
inédita, necesita comprender progresivamente cómo vivir la revelación que ha
recibido dentro de situaciones que cambian.
Esta perspectiva permite evitar tanto la absolutización del pasado como la
subordinación al presente La Iglesia necesita conservar la memoria de la fe sin
convertir todas sus formas históricas en absolutos; necesita escuchar su tiempo
sin asumir que toda novedad constituye progreso; y necesita vivir Orientada hacia
el futuro de Dios sin transformar la esperanza escatológica en especulación. Su
responsabilidad consiste en mantener estas dimensiones relacionadas desde
Cristo y en dirección al Reino.
La Iglesia tampoco discierne desde fuera de la historia. Ella misma es una
comunidad históricamente situada, marcada por una tradición, unas experiencias y
unas formas concretas de comprender y vivir la fe. Por eso, el discernimiento debe
incluir también la capacidad de someter a examen las propias interpretaciones y
prácticas de la Iglesia. Una comunidad que pretende discernir su tiempo debe
estar dispuesta a discernirse a sí misma.
De esta manera, el discernimiento no constituye una actividad secundaria ni
una técnica reservada para momentos excepcionales. Forma parte de la
responsabilidad histórica de la Iglesia. Mientras existan nuevas generaciones,
nuevas circunstancias y nuevos desafíos, la comunidad cristiana necesitará
discernir cómo permanecer fiel a Cristo y cómo ejercer su misión
EI recorrido de este libro seguirá esta convicción. Comenzaremos
considerando la relación entre Dios y la historia; abordaremos posteriormente el
fundamento bíblico de «discernir los tiempos» y la condición histórica de la Iglesia
Después examinaremos los principales peligros que pueden deformar su lectura
de la realidad y estableceremos la arquitectura teológica desde la cual puede
realizar un discernimiento cristiano. EI Reino de Dios proporcionará el horizonte de
esta tarea, y finalmente veremos cómo el discemimiento se convierte en
responsabilidad histórica, pastoral y misionera
EI propósito no es ofrecer una metodología para predecir el futuro ni una
respuesta prefabricada para cada transformación contemporánea. Es recuperar
una conciencia esencial para la Iglesia: vivir históricamente exige discernir
históricamente
Entre la revelación ya recibida y la consumación todavía esperada se
encuentra la existencia histórica de la Iglesia. Allí debe aprender a recibir,
interpretar, responder y corregirse Allí debe conservar su identidad sin quedar
prisionera del pasado, escuchar su presente sin someterse a él y esperar el futuro
de Dios sin abandonar Su responsabilidad
Por eso, la pregunta que recorrerá estas páginas es sencilla, pero decisiva:
¿Qué significa ser fieles a Cristo en este tiempo?
La respuesta a esta pregunta no pretende relativizar el evangelio, sino
tomarlo suficientemente en serio como para buscar sus implicaciones dentro de
cada nueva circunstancia histórica
La Iglesia no está llamada simplemente a esperar que la historia termine.
Está llamada a vivir fielmente mientras la historia continúa.
